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Universal Orlando: entre magos y superhéroes

Recorrer el universo de Harry Potter y volar con el Hombre Araña, enfrentar dinosaurios junto a King Kong y jugar con los Minions. Todo esto y mucho más proponen los parques de Universal, en el estado de Florida.

Fuente texto e imágenes: clarin.com – Agosto 18 2017

Todos piensan que la varita mágica que más vendemos en Ollivanders es la de Harry Potter. ¡Error! Adiviná cuál es”. Con sombrero de bruja y túnica hasta los tobillos, Katie acomoda decenas de cajas alargadas a tal velocidad que no se le ven las manos.

Sabe que con su pausa crece el interrogante y, cuando decide ponerle fin al suspenso, señala un estante de la tienda: Hermione Granger. “Ella es brillante. Todo lo que consigue es gracias a su esfuerzo y, si es una maga sabelotodo, se lo merece porque estudia mucho. Cuando tiene una duda, Hermione va a la biblioteca. Sus padres son muggles (seres no mágicos) y la gente se siente identificada con ella”, opina Katie, y justo le piden las dos varitas que corresponden al segundo y tercer puesto en ventas de Ollivanders: Harry Potter y –palabras mayores- Albus Dumbledore.

En la fábrica que “funciona desde el 382 aC.” se paga con tarjeta y se firma con una pluma negra que no necesita del encantamiento “¡Wingardium Leviosa!” para levitar hasta el ticket y abonar 50 dólares por cada varita interactiva.

En la habitación contigua, hay show en continuado: los chicos van entrando en grupos al cuarto en penumbras para presenciar el momento en el que una varita elige a su propio mago. Con luces que parpadean y relámpagos amenazantes, escaleras de madera y cajones con autonomía, la escena está inspirada en la experiencia vivida por el pequeño protagonista en “Harry Potter y la piedra filosofal”, el debut literario de la escritora británica J. K. Rowling y la película que da inicio a la exitosa saga de Warner Bros.

El Mágico Mundo de Harry Potter (The Wizarding World of Harry Potter) es el sector más convocante de los parques temáticos de Universal Orlando Resort, desde su apertura hacia 2010 en Universal’s Islands of Adventure (alberga la villa Hogsmeade y el castillo de Hogwarts) y con su lograda ampliación de 2014 en Universal Studios Florida (tiene Diagon Alley y la montaña rusa 3D de Gringotts). Desde entonces, los parques están unidos por las vías del Hogwarts Express.

No hay pócima que rompa este hechizo en el estado de Florida, donde Orlando alcanza otro récord turístico: al recibir 68 millones de visitantes locales y extranjeros en 2016, se ha convertido en la ciudad más visitada de los Estados Unidos.

Además, el fenómeno crece con la obra de teatro “Harry Potter y el legado maldito” en Londres (en 2018 llegará a Broadway, en Nueva York); en octubre se estrenará una muestra en la Biblioteca Británica para celebrar las dos décadas del niño con la cicatriz en la frente; y queda pendiente la nueva saga de filmes en los que la escritora debutó como guionista, empezando por “Animales fantásticos y cómo encontrarlos”.

El cine y la literatura se siguen retroalimentando. Ya no es posible separar a los personajes imaginados por Rowling de los actores Daniel Radcliffe (Harry Potter), Emma Watson (Hermione Granger) y Rupert Grint (Ron Weasley). Y la música original de las películas suena a cada paso en la villa de Hogsmeade y el Colegio Hogwarts -en el parque Islands of Adventure-, acompaña la espera del Hogwarts Express y, durante el viaje en tren, le suma dramatismo a las voces y siluetas de los tres amigos magos que salen airosos del enfrentamiento con un dementor.

En todo momento, las pegadizas melodías se van tarareando y silbando también en el Callejón Alley (Diagon Alley) del parque Universal Studios Florida, una vez que se cruza la pared de ladrillos desparejos y queda en el olvido el mundo muggle.

Hechizos caprichosos

–¡Incendio! –grita Jim, envuelto en una bufanda de Gryffindor.

Al chico no le molestan los 30 grados de Orlando ni el sol que rebota en los adoquines ni la multitud que lo esquiva. En busca de magia, apunta con su varita de Sirius Black a las ventanas de Flimflam’s Lanterns y, aunque el hermano le explica que tiene que dibujar un triángulo en el aire, no pasa nada. Al quinto intento viene uno de los ayudantes de Diagon Alley, pendientes del funcionamiento de las varitas interactivas frente a las tiendas mágicas, ya que no todo el mundo se toma el trabajo de leer las instrucciones que traen los mapas en las cajas.

Por intuición, casi todos se paran junto a los símbolos dorados que se encuentran enfrente de 25 negocios y puntos estratégicos del callejón (hay otros 9 en Hogsmeade). Pero pocos saben que es fundamental hacer foco en el sensor de cada vidriera, reproduciendo el movimiento dibujado sobre las baldosas.

–Tratá de no pisar la marca dorada porque estás tapando tu hechizo. Ahora, intentá mover la varita como indica el dibujo –le aconseja a Jim uno de los empleados del parque.

–¡¿Sin decir la palabra mágica?! –se indigna el aspirante a hechicero.

–¡No! Que el encantamiento quede completo –se ríe el empleado.

–¡Incendio! –repite Jim, enfocando al sensor. Por fin las lámparas se encienden en los ventanales de la casona y su cara se ilumina.

A dos metros, Emma exclama “¡Metelojinx!” y, mirando a un paraguas metálico, mueve su varita en semicírculos. Aparece una luz y ¡sale agua! Retrocede con la boca abierta. Emma lleva túnica de la Casa de Gryffindor, varita de Harry, remera de los Minions y mochila del Hombre Araña.

La madre es canadiense , tiene una musculosa de Jurassic Park y espera su momento mágico. Apunta con el celular al techo del Banco Gringotts hasta que el dragón de la cúpula escupe fuego. Lo filma y se lo muestra al marido puertorriqueño, quien toma la misma cerveza Duff que Homero Simpson y, en su pecho verde, ruge la cara de Hulk. Fan de Los Vengadores, el hijo mayor sostiene un vaso de Flaming Moe (Llamarada Moe), que despide humo y burbujas, y comenta: “¿Vieron el calor que baja con el fuego del dragón?”. Almuerza un pancho.

Justo enfrente, otras familias hacen cola para comprar chops de plástico de Butterbeer (cerveza de manteca) en The Fountain of Fair Fortune. Es empalagosa, como las golosinas de Honeydukes.

A las 15.30 de un jueves de verano que lastima la piel, la humedad empuja a desear el aire acondicionado de los restaurantes, los simuladores 3D y los negocios que ofrecen –justo a la salida de cada juego- toda clase de ocurrencias. Uniformes y escudos de Hogwarts, lechuzas de peluche, útiles escolares, escobas voladoras, equipos para jugar Quidditch, giratiempos, pociones de amor y trucos de los hermanos de Ron en Weasley’s Wizard Wheezes, hechizos más sórdidos en el pasaje oscuro Knockturn Alley, jugos de calabaza… Todo lo que aparece en el universo de Harry Potter se factura en estos parques.

Los libros gruñen en jaulas y las agujas tejen solas. Una tijera corta el aire en la puerta de Madam Malkin’s y, adentro del local, el espejo afirma en inglés: “Tus zapatos son perfectos”. En la ventana de Scribbulus, un papiro aconseja: “Mantén tus secretos en secreto”. Y se borra solo.

Después de 45 minutos de cola entre los duendes del Banco Gringotts (no hay Pase Express en las atracciones de Harry), la montaña rusa “Harry Potter y el Escape de Gringotts” recorre pasajes subterráneos, con efectos 3D que obligan a hacerle frente a Lord Voldemort y Bellatrix.

Sonrientes, todos vuelven al mundo real, donde en cualquier momento se cruzan con el Capitán América, Optimus Prime o Bob Esponja.

Al ver que están en el área del parque que recrea las calles de Londres, veinte chicos -tienen remeras que advierten “¡Cuidado! 5° grado”- toman el Hogwarts Express en la estación King’s Cross. Antes se sacan selfies con el chofer del Knight Bus y la cabeza colgante, que conversa, en el famoso colectivo de tres pisos violeta.

Desde ya, para tomar el tren hasta Hogsmeade van a la Plataforma 9 3/4: su plan es entrar a Hogwarts para volar en escoba en “Harry Potter y el Viaje Prohibido”, esquivar a la araña Aragog y al Basilisco, y participar de un juego de Quidditch. Luego suben a las montañas rusas El desafío del Dragón y El vuelo del Hipogrifo y piden Butterbeer en Las tres escobas.

A toda velocidad

–¿Falta mucho para llegar a Springfield? –pregunta Rita, de 9 años, que encuentra el asfalto borroso a través de sus anteojos de los Minions.

–Estamos en San Francisco. ¿No te acordás de este tiburón gigante? –pregunta Peter, de 12, sin dejar de masticar papas fritas.

Pero como justo pasan por Nueva York, los padres les proponen entrar a la nueva atracción de Universal: Race Through New York Starring Jimmy Fallon. A pocos pasos de la montaña rusa de “La Venganza de la Momia”, una gigantografía del actor y presentador de televisión Jimmy Fallon invita a ingresar a una réplica del estudio de NBC donde se realiza el histórico programa The Tonight Show.

Al tomar asiento en una suerte de teatro volador, los participantes sienten que corren una carrera de autos con Fallon: acelera por las calles de Nueva York, cae al vacío, salta por encima de los rascacielos y hasta se zambulle en el agua. Sale ileso, claro.

Cercanos a la metrópoli, los Autobots y Decepticons se instalaron hace rato en Transformers: The Ride-3D. Una vez más, la propuesta consiste en una batalla del bien contra el mal, con la misión de salvar el planeta.

Completan el sector Shrek 4D, la montaña rusa de alta velocidad Hollywood Rip Ride Rockit y el simulador en 3D de Despicable Me Minion Mayhem -inspirado en la película “Mi villano favorito”-, que les propone a los chicos convertirse en Minions para ayudar al profesor Gru y sus hijas adoptivas Margo, Edith y Agnes.

Los Simpsons y Marvel

Al otro lado de la laguna, en Universal Studios Florida se levanta el hogar de los Simpsons. Si bien la montaña rusa The Simpsons Ride es el centro de Springfield, los negocios de la ciudad representan una seguidilla de guiños para los fanáticos deHomero, Marge, Bart, Lisa y Maggie. Partiendo del Kwik-E-Mart, entre los puestos de comida se destacan el Camión de Tacos del Hombre Aberrojo, los pescados de Frying Dutchman, las hamburguesas de Krusty Burger y las donas de Lard Lad Donuts.

Frente a la Cervecería Duff, La Taberna de Moe es quizá el ambiente mejor logrado, con las ventanas a rombos pintados de verde y naranja.

Ante tanta estridencia, Universal conserva un rincón en sepia: Terminator 2 anda en moto y E.T. sigue en la canasta de la bicicleta voladora.

Quienes no llegan en el Hogwarts Express, cerca de la entrada del vecino Islands of Adventure encuentran pronto la Isla de Marvel, con la temible y renovada montaña rusa de Hulk y la aventura en 3D de Spider Man.

Antes de que los visitantes lleguen a reconocer la música de Jurassic Park y que la gente espere su turno para ver a un velociraptor, se interpone otra de las aperturas más recientes de Universal: Skull Island, Reign of Kong. ¿Es King Kong el héroe o el enemigo? Habrá que animarse a entrar a una isla misteriosa y explorar la jungla, enfrentando depredadores prehistóricos hasta que aparece el simio más salvaje que ha pisado la Tierra…

Los días pasan en un abrir y cerrar de ojos; los desfiles de superhéroes y fuegos artificiales quedan atrás. El avión de regreso despega del aeropuerto de Orlando y el cuerpo cree que se trata de un simulador que apenas se mueve. Los anteojos de sol permiten ver un paisaje en 3D por la ventanilla, pero no vienen monstruos al ataque. Entonces, una azafata imaginaria dice: “El peligro ya pasó. Misión cumplida: la Tierra está a salvo”.

 

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agosto 18, 2017

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